martes, 17 de enero de 2017

Calle de Atocha


Calle de Atocha

La calle de Atocha discurre entre la plaza de la Provincia (adyacente a la Plaza Mayor) y el Paseo del Prado, junto a la plaza del Emperador Carlos V (conocida popularmente como glorieta de Atocha).


Es una de las más importantes calles de Madrid, y su nombre, ocioso es decir que se refiere al santuario de Atocha, para el cual servía de camino. Primeramente no llegaba más que hasta donde Antón Martín fundó su hospital. En aquel lugar se hallaba entonces la puerta de Atocha, y allí cerca la ermita de San Sebastián. La entrada a la calle por Santa Cruz era sumamente estrecha, y no fue ensanchada hasta mediados del siglo XVII.


La parte del solar donde se alzaron la iglesia y el convento de Santo Tomás existe, por iniciativa del obispo Sancha la iglesia de Santa Cruz, elegante en su traza , y del centro de cuya fachada arranca una de las torres mas altas de Madrid, edificada de ladrillo, como el resto del templo, de planta cuadrada y coronada por una terraza. Su altura es de ochenta y cinco metros. El convento de Santo Tomás, de religiosos dominicos, fue fundado por una manda del bachiller Santo Domingo, y después de algunos años fray Diego de Chaves consiguió que se erigiese en priorato lo que se hizo el año 1583. En 1626 tomó el patronato del convento el conde-duque de Olivares, y en 1635 se puso la primera piedra para una nueva iglesia, que pereció en el gran incendio de 1652, en el que no se salvó nada de ella ni del convento.


Mal sino perseguía a este templo, porque reedificada la capilla mayor, desplomóse en 1726, sepultando en sus ruinas más de ochenta personas, y en 1756 hubo otro incendio, aunque de menor importancia que el anterior, y finalmente, en 1872 quemóse la iglesia en tremendo y voracísimo fuego.


La iglesia construida en 1656 fue obra de D. José Churriguera y de sus hijos D. Jerónimo y D. Nicolás; pero arquitectónicamente, lo más notable era el claustro, obra de Donoso. De Santo Tomás salía la comitiva del Santo Oficio para los autos de fe. En 1822 hallábase allí la famosa Sociedad llamada "La Landaburiuna" que tomaba su nombre del Oficial D. Mamerto Landaburu, asesinado por los absolutistas en la escalera del real Palacio. Cuando la matanza de los frailes el 17 de julio de 1834, este convento fue de los que más padecieron en el asalto por el pueblo. Fue luego cuartel de Milicianos y sirvió de prisión al infortunado D. Diego de León, se salió de allí para ser fusilado en las afueras de la Puerta de Toledo. También estuvieron en aquel antiguo convento de dominicos el ministerio de la Guerra, que de allí se trasladó a Buenavista, y posteriormente, el Tribunal Supremo y la Capitanía General.


El primer edificio de consideración que hallamos a la izquierda, dando vuelta a la plaza de la Aduana Vieja, mes la casa de los Gremios que posteriormente fue la Dirección General de la Deuda. Este palacio fue construido en 1791 por el arquitecto D. José Ballina, con destino a los cinco gremios mayores, y la casa carecía de fachada occidental, la cual, como el callejoncillo cerrado que queda por esa parte es obra de tiempo de Isabel II, realizada por el Banco de España, propietario entonces de la finca. Los cinco gremios mayores estaban constituidos por los mercaderes de seda, paños, lienzo, especiería o droguería y quincallería o joyería, que tenían asignados sus lugares en la Corte, en la Plaza Mayor y sus alrededores, para la venta de géneros.


En el año 1679 tuvo principio la unión de los individuos que ejercían el comercio al por menor en esta capital, llamándose esa Sociedad Diputación de los cinco gremios mayores de Madrid. Y el 6 de octubre de 1763, ante el escribano D. Antonio Badiola, constituyóse la Compañía General de Comercio de los cinco gremios mayores. Esta compañía tuvo una importancia excepcional. El marqués de la Ensenada animó a los gremios a que emprendiesen el comercio de Indias, para lo cual se les daba un apoyo oficial. Su tráfico se extendió también a Filipinas y llegaron a establecer factorías en Londres y en Ámsterdam. En Madrid tomaron en arrendamiento las alcabalas, cientos y millones , de la Villa; Se encargaron de las fábricas de Guadalajara, que habían quedado casi arruinadas, y extendieron la acción social a tan varias empresas como el arrendamiento de la venta del Excusado, los abastos de carbón y las provisiones de víveres para el Ejército.


No eran ya solamente los antiguos mercaderes, sino títulos del reino, banqueros y particulares opulentos, quienes empezaron a tomar parte en esta Sociedad poderosa, cuya organización y marcha era secreta. De un manuscrito de Jovellanos, referente a sus anotaciones sobre este asunto, transcribo las siguientes líneas, que el gran Jovino, a quien no había manifestación de la actividad humana que no le interesara, encabeza con este epígrafe: "Papel pacere, y puede ser aviso. Calderón."


"Los gremios tendrán la misma suerte que los jesuitas. Nadie analizaba su régimen, sus enemigos les injuriaban groseramente; sus amigos les defendían con entusiasmo; el necio vulgo inclinaba la cabeza y se postraba ante sus pies. Llegó la Filosofía, examinó  a la luz de la razón aquella Constitución tan decantada, que no pudo sufrir este criterio. La autoridad desengañada sopló y el palacio encantado se vino a tierra."


La predicción de Jovellanos fue exacta. En 1814, en 1823 y en 1834 se exteriorizó la cuestión de la sociedad de los gremios, demostrándose por ella misma que su poder estaba quebrantado y cerca de la bancarrota. Al fin, aquella compañía se deshizo, y en 1815 adquirió el Banco la casa de la que hablamos , y en la que permaneció hasta trasladarse a su nueva residencia de El Prado. 



El antiguo emplazamiento del convento de la Trinidad, otro de los famosos de la villa, nos lleva a recordar, al llegar a la calle Nueva de la Trinidad, que antes era un paso interior del convento a la tahona de ese nombre que daba a la calle de los Remedios frente a la Merced, es decir, a la actual plaza del Progreso (actual plaza de Tirso de Molina). Lo que es teatro del Centro y la casa particular hasta la calle de Relatores pertenecía a aquel célebre edificio que, aun después de haber perdido su carácter religioso, tuvo considerable empleo.



El convento de la Santísima Trinidad de religiosos descalzos fue señalado en su lugar y dispuesto en su traza por mano del propio Felipe II, tomando posesión de él Fray Diego Terán, provincial de la orden, el día de la Visitación de la Virgen del año 1562. La iglesia empezó a construirse por los años de 1590, siendo obra de Gaspar Ordóñez, guardándose luego en aquel templo las reliquias de San Juan de la Mata, fundador de la Orden, y el cuerpo del beato Simón de Rojas, que en aquella casa vivió y murió. Otro insigne trinitario que tuvo allí su celda fue el padre Hortensio Félix Paravicino, gran creador y escritor que firmaba con el nombre de "Don Félix de Arteaga" y fue varón celebradísimo por su ciencia y virtudes. Era natural de Madrid y murió el 12 de diciembre de 1633.

De la Trinidad salían los frailes que se encaminaban a Argel para la redención de cautivos, y de allí partieron un día de mayo de 1580 Fray Juan Gil y Fray Antonio de la Bella, que redimieron a Cervantes.

Después de la exclaustración, el convento de la Trinidad, hermoso edificio cuya magnífica escalera recordaba la del Monasterio de El Escorial, comenzó a tener varios destinos. En 1838 quedó allí formado el Museo Nacional de Pintura, con cuadros procedentes de iglesias y conventos, que permanecieron en él a pesar de existir el Museo del Prado. Hay que recordar, por la especial impresión que causaban en la imaginación infantil, los grandes lienzos de la vida de San Bruno, para la cartuja del Paular. Sirvió también para local del Instituto Español, fundado por el marqués de Senli, Sociedad que sostenía diferentes estudios para niños y niñas, y además poseyó un teatro, al que daban sus obras los más altos ingenios de la época romántica.

En la Trinidad estuvo también el Conservatorio de Artes y se celebraron diferentes exposiciones. Pasó allí el ministerio de Fomento desde el palacio del Inquisidor, en la calle de Torija, y permaneció hasta el traslado al nuevo edificio del paseo de Atocha.


El antiguo teatro del Centro (teatro Calderón) que ocupa parte del solar de los Trinitarios, es un hermoso edificio en su parte exterior e incómodo en su interior por el deseo de aprovecha al máximo  el terreno para muchas localidades. De todas formas se convirtió en uno de los buenos teatros de Madrid. Es obra del arquitecto Eznarriaga y se inauguró el lunes 18 de junio de 1917 con la ópera de Massenet "Manon" cantada por Genoveva Vix. La fiesta, a la que asistieron los reyes, fue de gran solemnidad. Llamábase primeramente Odeón este coliseo, pero al ser luego adquirido por el Centro de Hijos de Madrid, tomó el nombre de esta Sociedad, a la que en vano se ha requerido por la prensa para que diera a ese teatro, donde preferentemente se cultiva la comedia y el drama, el nombre glorioso de Galdós.


Antes de llegar al palacio de Tepa, que corresponde a la calle de San Sebastián, debe ser señalado el detalle, escasamente conocido, de que en la casa números 45 y 47 era donde vivía D. Juan Álvarez Mendizábal. Y en la otra hacer, número 10, tenía su redacción "El Eco del Comercio", el mejor diario español de su época, comenzando a publicar en 1834 por D. Ángel Iznardi, y en que aparecía la sabia inspiración de D. Fermín Caballero. Periódico progresista, su Redacción sufrió alguna vez el ataque material de sus enemigos, y queda en la historia del periodismo español como el primer periódico a la moderna que tuvimos en España. Duró su publicación hasta 1849, publicando un suplemento satírico en los años 44 y 45, y ejerció una positiva influencia en la política nacional.



Fundóse la iglesia parroquial de San Sebastián el año 1550, en que, siendo cura de Santa Cruz el licenciado Juan Francos, y como se hubiese dilatado su feligresía por el aumento de la población, trató de dar acomodo a un su sobrino, consiguiendo que se hiciese otro curato independiente, con la advocación de San Sebastián, tomado de la ermita que, dedicada a este santo, existía mas abajo de Antón Martín.

Así nació esta parroquia, que había de ser una de las más típicamente madrileñas, y de tal importancia que ella y la de San Luis, fueron las dos que conservaron el derecho de asilo cuando ya habían perdido los restantes templos la condición de que se pudieran acoger en ellos a sagrado quienes tenían persecución por la justicia.

Hiciéronse burletas y diéronse vayas a la portada, que representaba el martirio de San Sebastián, llegando Salicio a consagrarla uno de sus muchos epigramas como aquel de 
       "- Santo de tanto valor,
        ¿qué hacéis en tal frontispicio?
        - Os aseguro, en rigor,
        que a no estar en el Hospicio,
        no pudiera estar peor."   

Al cabo del tiempo, venimos en resolver que lo que está peor que el San Sebastián y que la portada del Hospicio, que precisamente ha de ser salvada y conservada, son esos versos del Padre Salas, con su buen ripio, que no vale lo que un floripondio riberesco. Al fin, fue picada la portada de San Sebastián, y, más modesta, queda la que se hizo con el grupo en piedra del martirio del Santo, obra de Luis Salvador.


Parece cosa aparte del templo la capilla del Cristo de la Fe, que se encuentra a la izquierda por la lonja de la calle de Atocha. Las pinturas que adornan sus muros son de D. Antonio González, y el resto de la ornamentación, de jaspes y bronces, es de singular elegancia. La imagen, del escultor Ángel Monasterio, es de las tradicionales de Madrid, y más que por su nombre de la Fe, es conocida como el Cristo de los Guardias, por la conocida leyenda del guardia de Corps, que, atraído a una cita galante en un viejo palacio de la calle del Sacramento (precisamente la casa donde se halla instalada La Libertad), vióse precisado a descolgarse por un balcón valiéndose de su bandolera plateada, y cuando volvió al lugar de su aventura hallóse el más cruel desengaño en la mansión destartalada, y solo como prenda y señal de que no había padecido un sueño, su bandolera de plata colgando del balcón. Durante muchos años la bandolera del guardia de Corps ha sido vista al pie del crucifijo , donde fue a ponerla el atribulado galán. Y el Cristo famoso aparece en la procesión del Viernes Santo acompañado por los alabarderos. 
  
Hermosa capilla por la gracia de su traza es la de Belén, en la que se encuentra el admirable grupo de Mena "La huida a Egipto", que es de lo más notable entre lo que existe de imaginería en Madrid. En esta capilla hay dos lápidas, que la Congregación de arquitectos dedica a la insigne memoria de D. Ventura Rodríguez y D. Juan de Villanueva, que yacen en su cripta, habiendo sido sepultura anterior del primero la iglesia de San Marcos.


Otra capilla famosa de San Sebastián es la de la Virgen de la Novena, que pertenece a la Congregación de los cómicos. Fue un caballero florentino llamado D. Carlos Veluti quien en 1615 colocó en su casa de la calle del León, esquina a la calle de Santa María, una imagen que fue dada de puñaladas y maltratada por unos herejes, y como el pueblo tomase devoción a otra efigie igual que había mandado pintar y colocar en el mismo sitio D. Pedro Veluti, hijo de D. Carlos, consiguió el párroco que la diese la iglesia donde se colocó en el colateral de la Epístola el 21 de julio de 1624.


Llamábase de la Novena esa imagen por el milagro que obró con Catalina Flores, mujer de un buhonero llamado Lázaro Ramírez, la cual vivía en la calle del León, frente al retablillo, y hallándose tullida encomendóse a la Virgen, quedando en oración toda la noche, y repitiendo el ruego durante nueve días seguidos, al cabo de ellos hallóse libre del mal, con que la devoción a aquella efigie creció con la fama de ese portento.


Hija de Catalina y Lázaro, o prohijada por ellos, fue la actriz llamada Bernarda Ramírez. Y cinco actores: Cristóbal de Avendaño, Lorenzo Hurtado de la Cámara, Manuel Álvarez Vallejo, Tomás Fernández de Cabredo y Andrés de la Vega determinaron fundar la Cofradía con la advocación de la Virgen de la Novena, con el carácter de Sociedad de auxilio mutuo entre quienes trabajaban en los teatros de la corte y sus familias. El 17 de septiembre de 1662 dióse principio a la capilla actual, que tiene, además, entrada independiente.




A la izquierda de la salida al antiguo cementerio de la calle de las Huertas hay una imagen del Cristo del Consuelo que ostentaba a sus pies un letrero donde, a modo de aviso útil a los fieles, habían escrito un donaire irreverente, o, mejor dicho, una irreverencia donosa. Sencillamente un cartel que decía así: "No tocar al Cristo. Se está pintando". Con lo que, por falta gramatical de quien lo escribió, quedaba asombrado el devoto visitante de conocer aquella ocupación tan impropia de Nuestro Señor.





A los pies de la iglesia de San Sebastián fueron enterrados algunos de los fusilados en la noche del 2 al 3 de mayo de 1808. Y ya de enterramientos en San Sebastián se habla, no es posible recordar sin dolor que habiendo recibido sepultura en la cripta el gran Lope de Vega, llevado hasta allí con el acompañamiento de un entierro fastuoso, perdiéranse sus restos en una de las mondas que se hacen, para que los antiguos dejaran su puesto a los nuevos cadáveres. En la cripta de la capilla del Cristo de la Fe fue enterrado, sin que se sepa exactamente el nicho, D. Ramón de la Cruz.


Aunque más bien corresponde hablar de ello, con motivo de la vieja calle del Viento (hoy de San Sebastián) o de la calle de las Huertas, parecía incompleto, ya que de la iglesia de San Sebastián se trata, dejar hacer referencia al camposanto que es el enlosado que da a aquella parte, donde un emparrado cargado de racimos, da una imagen geórgica en medio de la vulgaridad urbana. En el muro de la iglesia hay un azulejo que todavía señala el antiguo destino de aquel lugar, con esta leyenda: "Zimenterio de San Sebastián". Allí fue donde una noche acudió el poeta D. Josef Cadalso a enterrar el cuerpo de su amada, la comedianta María Ibáñez que acababa de recibir sepultura en aquel recinto. Y de aquellos trágicos momentos arrancó la inspiración de sus "Noches lúgubres", con que aquel clásico del siglo XVIII aparecía como un precursor del romanticismo del siguiente siglo.


Una ligera innovación hay en esta parte del edificio. La vivienda de varios pisos, de un solo hueco, una especie de torre, que ha sido construida adosada a la medianería de la casa primera de la calle de las Huertas. El puesto de flores al lado de la verja da cierta alegría al paraje, y por cierto, tiene en fechas de mediados del siglo XX un personaje popular en aquellas vecindades y en los concurrentes al templo. Este personaje es un perro, al que se le pone en la boca el dinero para ello, y acude inmediatamente a una pastelería a que le den en especie lo que él deja en metálico.


La iglesia de San Sebastián, cuyos mendigos de la puerta siguen recordando la admirable "Misericordia", de Galdós, ha visto bautizarse en su pila parroquial a muchos madrileños famosos en distintos aspectos de la celebridad, y como curiosa coincidencia, puede recordarse el hecho de que Matilde Diez y Curro Cúchares recibieron en ella el bautizo el mismo día.


Y de los matrimonios históricos que en esa parroquia se han celebrado, es particularmente memorable el de Simón Bolívar, el que había de ser caudillo de la independencia americana, que un día de mayo de 1802, unióse allí con la madrileña Teresa del Toro.



La calle ha tenido diferentes características a lo largo de la historia. Ha sido calle residencia de los estudiantes de medicina procedentes de la Escuela de Cirugía de San Fernando hasta comienzos del siglo XX (justo cuando se inauguró la Ciudad Universitaria).

La inauguración en 1850 del Embarcadero de Atocha (posteriormente la estación de ferrocarriles principal de la ciudad) le ha dado cierto protagonismo debido al aumento de tránsito de personas. El aspecto comercial de la calle se ha visto reflejado en tiendas donde se vendían telas, instrumentos de ferretería, instrumentos musicales.


La calle reúne en algunas expresiones artísticas. Una de las esculturas callejeras se encuentra en la plaza de Antón Martín dedicada a la matanza de Atocha de 1977 durante el periodo de transición: monumento 'El Abrazo', del escultor Juan Genovés. De esta forma en la literatura del siglo XVI y XVII se comienza describir la calle, algunos de sus edificios religiosos. Entre ellos se encuentra Lope de Vega que la menciona en la Dorotea, y en El acero de Madrid.


La calle es protagonista en el siglo XX y XXI siendo el recorrido de las manifestaciones sociales más diversas que se preparan en la capital.

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