viernes, 27 de enero de 2023

Plaza de San Nicolás

Plaza de San Nicolás

La plaza de San Nicolás se sitúa entre la calle de San Nicolás y la calle de Juan de Herrera.

La Iglesia de San Nicolás de Bari o Los Servitas se encuentra en la plaza de San Nicolás y es la iglesia más antigua de la ciudad tras el derribo de la iglesia de Santa María de la Almudena y actualmente parroquia de la comunidad italiana.

La Iglesia de San Nicolás de Bari está nombrada en el Fuero de Madrid de 1202 como una de las parroquias de la ciudad. Los restos arqueológicos conservados y su situación hacen pensar que pudo ser una mezquita musulmana. Lo más probable es que su construcción date del siglo XII, puesto que su torre, declarada monumento nacional en 1931 y situada al sur del edificio, tiene todas las características de ser un campanario mudéjar de aquella época. La nave y capillas fueron reformadas en el siglo XVII.

En la restauración del año 1805, la Iglesia de San Nicolás perdió el rango de parroquia en favor de la vecina de El Salvador por lo que el edificio quedó abandonado hasta que en 1825 fue cedido a la congregación de la Orden Tercera de Servitas, quienes restauraron y acondicionaron el templo. En 1842 debido a la demolición de la parroquia de El Salvador, retornó la parroquialidad a San Nicolás, pero en el año 1891 se volvió a trasladar a la que había sido iglesia del hospital de Antón Martín en la calle Atocha, hoy parroquia de El Salvador y San Nicolás, quedando el viejo edificio como iglesia de San Nicolás de los Servitas, nombre con el que en la actualidad se la conoce.

A finales del siglo XX se han ejecutado intervenciones destacadas, siendo la principal la realizada en 1983. En algunas de estas intervenciones se realizó la sustitución de la piedra, que debía de estar muy deteriorada, en la zona del ábside, en donde se aprecian acabados distintos a la piedra original.

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Dice Pedro de Répide de esta plaza:

Entre las calles de San Nicolás y Juan de Herrera, b. de Carlos III, d. de Palacio, p. de Santa María la Real de la Almudena. 

Toma su nombre de la iglesia, antes parroquial, de San Nicolás que en ella se conserva. Este templo, consagrando a San Nicolás, obispo de Mira, llamado el Magno para distinguirle del otro santo del mismo nombre y obispo de la misma ciudad, era una de las parroquias más antiguas de la villa, y aunque la precedían oficialmente las de San Martín y San Ginés, no era por antigüedad, sino por privilegio. 

Era de más remota fundación la de San Nicolás que la misma del Salvador, con la que vino finalmente a fundirse, y siendo la segunda, ya parroquia por el año 304, supónese que aquélla tuvo primeramente otro nombre, pues cuando se fundó no había muerto todavía el santo que la titula. 

El edificio actual primeramente de orden gótico; pero reedificado luego de manera que fue despojado de ese aspecto. En el altar mayor fue puesta la imagen de la Virgen de la Antigua, que, según unos, estaba en la casa de la condesa de Chinchón, doña Inés Pacheco, y, según otros, fue encontrada en el siglo XIII al abrir los cimientos para hacer la capilla que a los pies del templo edificaron los Luzones. La conciliación de estos dos informes viene con creerse que, efectivamente, la imagen se encontraba desde hacía tiempo en la iglesia, y la condesa de Chinchón, muy devota de ella, la llevó a su casa en algún peligroso trance de enfermedad, del que salió, y habiendo devuelto la efigie al templo, quedó fama entre las gentes de que aquella señora había hecho donación con lo que sólo era acto de restituir. 

En el año 1805 consiguió la parroquia del Salvador alzarse con la supremacía, que siempre había sido disputada entre ella y la de San Nicolás, y fue agregada esta feligresía a la de aquella, quedando abandonado el templo de que tratamos. El edificio fue desmantelado y se destinó a almacenes militares, viniendo tres años después a servir de cuartel a las tropas francesas. 

En 1825 volvió a tener culto, pues habiendo la V.O.T. de Servitas deseando un templo independiente para celebrar sus cultos, acudió al rey pidiéndole éste, que permanecía sin ser utilizado, y el arzobispo de Toledo, cardenal Inguanzo, por escritura de 9 de diciembre de aquél año, cedió a esa Congregación el uso del templo; pero reservándose el derecho de disponer de él cuando conviniera. Así aconteció en 1840, en que se acordó derribar la iglesia del Salvador, pretextando su estado ruinoso, a pesar de que el párroco y el gremio de plateros, dueño de la capilla mayor y sacristía, presentaron el dictamen de tres arquitectos, contrario al que había dado la villa para decidir el derribo. Entonces fueron trasladadas las dos parroquias juntas del Salvador y de San Nicolás al templo de este santo, restaurado por la Orden de Servitas. Hoy día, aunque esta iglesia permanece en pie, aquellas parroquias tienen por iglesia la antigua de San Juan de Dios, en Antón Martín. 

El registro parroquial de San Nicolás comienza en el año 1400, y en él se halla la partida de bautismo del poeta épico D. Alonso de Ercilla, autor de «La Araucana». Y en la misma iglesia estuvo enterrado el arquitecto Juan de Herrera, continuador del insigne madrileño Juan Bautista de Toledo en varias obras, como la de El Escorial y la de nuestro puente de Segovia.

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