De la plaza de Santo Domingo a la calle de la Luna, bs. de la Estrella y de Tudescos, d. del Centro,
p. de San Martín.
Toma su nombre de los
hermanos don García y don Juan Silva, caballeros de calidad, famosos por su piedad
el uno, y el otro por haber sido uno de los más hábiles diplomáticos de su tiempo.
Don García fue el que
costeó la bellísima imagen del Cristo del Perdón, obra de Pereira, que estaba en
el convento del Rosario, en la calle Ancha de San Bernardo, junto a la de la Flor.
Tuvo gran amistad con el fundador de este monasterio D. Octavio Centurión, y le
ayudó en esa fundación, por lo que fue sepultado en su iglesia y en la capilla de
los patronos. Don García de Silva fundó también la enfermería de la Venerable Orden
Tercera de Santo Domingo en la misma calle Ancha, frente al Rosario, con su confesor
fray Luis de Aliaga, el famoso dominico, inquisidor general y confesor también de
Felipe III, y cuando ese religioso cayó en desgracia y sufrió pena de destierro,
D. García acudió en su ayuda favoreciéndole grandemente.
Su hermano D. Juan escribió
cartas muy notables hablando de los hombres de Estado de la corte de Felipe III
y de otros sucesos, como la traslación de la corte desde Valladolid a Madrid. Hizo
el elogio de la política de la reina de Inglaterra y un estudio de su señorío en
el mar. Señaló los males del Erario español, cuyo estado no permitía continuar las
empresas guerreras y obligaba a cierta subyugación de nuestro poder al del rey de
Francia. Reveló los Tratados que había entre este monarca y el duque de Saboya,
y al hablar del matrimonio que con tal motivo se hubo concertado, decía
que no debía ser la novia muy del gusto del duque, porque éste se vistió el día
de la boda "de paño morado y
sin guarniciones".
En el número 39
fue fundado el Hospital de Nuestra Señora de la Concepción y Buena Dicha, que tuvo su origen el año 1564, por el
venerable padre fray Sebastián de
Villoslada, primer abad del monasterio de San Martín, don Francisco de Contreras; D. Fernando Carrillo y otras
personas, quienes le instituyeron para curar doce enfermos vergonzantes de esa parroquia,
creando para su servicio una Hermandad de Misericordia de doce sacerdotes y sesenta y dos seglares, que cuidaban, no sólo la casa sino el cumplimiento de otras obras de piedad. Esta
Hermandad tenía allí también su iglesia y cementerio, el cual daba a
la calle de la Justa, hoy de Ceres, y
en el que fueron enterradas algunas víctimas del 2 de Mayo, entre ellas Manuela
Malasaña.
Sobre el solar del antiguo edificio ha sido construido hace años
otro templo, que está regido por los religiosos de la Merced.

García de Silva y Figueroa
(Zafra, 29 de diciembre de 1550 - Océano Atlántico, 22 de julio de 1624) fue un
soldado, diplomático, erudito y explorador español, el primer occidental en
identificar las ruinas de Persépolis (Taḵt-e Jamšid), la antigua capital del
Imperio Aqueménida en Persia.
Hijo de Gómez de Silva y
de su mujer María de Figueroa y aparentado con los condes de Zafra, García de
Silva y Figueroa estudió Leyes en Salamanca, sirvió en los tercios de Flandes,
y con posterioridad fue nombrado gobernador de Badajoz. Presto después sus
servicios en la Secretaria de Estado, y Felipe III lo eligió para encabezar la
embajada española a la corte de Abás el Grande, gobernante del Imperio Safávida
(Persia). Salió de Lisboa el 8 de abril de 1614 a bordo de la Armada de la
India, la Capitana, y tras un largo y azaroso viaje por mar llegó a la fastuosa
Goa, capital de la India portuguesa. Tuvo serios problemas con los portugueses,
que se defendían de presuntas "injerencias castellanas", e incluso
pasó un tiempo detenido. Después de bordear las pedregosas costas de Omán y las
rocas amenazantes del estrecho de Ormuz, desembarcó en Bandar Abbas (Persia) el
12 de octubre de 1617.
A Silva se le habían
encomendado varias tareas diplomáticas de suma importancia: tratar de la
expansión de Abás I en el Golfo Pérsico, observar de cerca su relación con los
ingleses de cara a mantener el monopolio comercial portugués en el Índico y con
la intención manifiesta de que "el persa persevere en la guerra contra el
Turco para que (éste) no progrese en el Mediterráneo".
Llevaba consigo un
impresionante séquito 100 criados y otros centenar de camelleros, cargados de
equipajes y de regalos destinados al sah. Fue bien recibido en Isfahán, pero
sin embargo no consiguió ninguno de sus objetivos, y acabó convirtiéndose en
centro de burlas y risas de la corte persa debido a su severidad española y su
falta de interés en los placeres, atribuidos a su avanzada edad.
Recorrió Figueroa casi
toda Persia, parte de la Mesopotamia y del Asia Menor, visitando Shiraz y Qom, entre
otras ciudades. Alcanzó las ruinas de Persépolis (que en su texto denomina
"Chilminara", corrupción del persa Čehel Menāra), y describió su
arruinada majestad en una vívida carta al marqués de Bedmar. Esta misiva causó
una gran impresión en los círculos ilustrados de Europa, y fue rápidamente
traducida al latín y al inglés. Si bien Antonio de Goueva (1602) y Giambattista
y Girolamo Vecchietti (1606) ya habían reconocido los caracteres cuneiformes
como un tipo de escritura, Figueroa es el primer occidental en describir los
caracteres, anticipándose en ello a Pietro Della Valle:
Existe una impresionante
inscripción tallada en jaspe negro. Sus caracteres son todavía claros y
brillantes, increíblemente libres de daño y deterioro a pesar de su muy grande edad.
Las letras mismas no son ni caldeo, ni hebreo, ni griego, ni árabe ni de ningún
pueblo que pueda haberse conocido hasta ahora o que haya existido jamás. Son
triangulares, en la forma de pirámides u obeliscos diminutos, como están
ilustradas en el margen y son todas idénticas excepto por su posición y
ordenación. Sin embargo, los caracteres resultantes de la composición son
extraordinariamente diferentes.
Mandó hacer dibujos de las
más notables esculturas y de algunas inscripciones. Durante sus viajes acumuló
una extraordinaria colección de antigüedades y obras de arte de gran valor, que
se llevó consigo al emprender el viaje de vuelta a España en 1619. No pudo
salir de la India portuguesa hasta febrero de 1624, y la muerte le sorprendería
en alta mar, sin que se sepa del paradero de su colección.
El viajero italiano Píetro
della Valle, que se hallaba en Persia al tiempo de su llegada, dijo de su
persona:
E vecchio assai; non solo
con barba bianca, ma anco senza denti; e robusto con tutto ciò, e nella città
entro à cavallo, quantunque per viaggio soglia andare in lettiga. Venne moltó
ben vestito, con tutti i suoí, alia spagnuola.
Era hombre de autoridad y
de vasto saber, acreditado por sus informes y observaciones en geografía, en
historia natural, en arqueología y en la generalidad de los conocimientos
humanos.
Escribió una crónica
completa de sus viajes titulada Totius legationis suae et Indicarum rerum
Persidisque commentarii, que constituye sin duda alguna la mejor descripción de
la Persia de entonces. Informa con detalle de los sucesos en la corte de Shah ʿAbbās,
describe cuidadosamente las ciudades que visitó, sitios menores, y hasta los
caravanserai que halló a su paso, y proporciona además datos etnográficos sobre
las comunidades no musulmanas de Irán, como los armenios de Jolfa. Informa en
especial sobre los zoroastrianos, su lengua, su religión y particularmente sus
prácticas funerarias; la práctica de la tauromaquia en las ciudades persas y el
cultivo de palmeras datileras en el sur de Persia.
Fue traducida al francés
por el holandés Abraham de Wicquefort en 1667, y el manuscrito original se
conserva en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Pese a ello, España no
pudo disfrutar de magna obra hasta que la Sociedad de Bibliófilos Españoles
realizó una cuidada impresión en dos volúmenes en 1903. Existe asimismo una
interesantísima tesis doctoral, por desgracia inédita, realizada por la
profesora Najmeh Shobeyri de la Universidad Complutense de Madrid.
Escribió además un relato
sobre Tamerlán basándose en autores persas como Ḵᵛāndamīr, describiendo en detalle
la batalla de Ankara. El texto contiene numerosas referencias goeográficas que
muestran el profundo entendimiento del autor.
Juan de Silva (fallecido
el 19 de abril de 1616 en Malaca) fue un comandante militar español y
gobernador de Filipinas, desde el 21 de abril de 1609 hasta su muerte.
De Silva nació en Trujillo
(Cáceres), España y fue oficial de los tercios de Flandes y caballero de la
Orden de Santiago. Llegó a las Filipinas como gobernador y capitán general en
1609, trayendo consigo cinco compañías de infantería, las cuales tenían como
principal misión encargarse de la defensa del archipiélago. Desarrolló una
reputación por su determinación y bravura en su lucha contra los holandeses en
el Lejano Oriente.
El 22 de diciembre de 1607
una flota holandesa de la Compañía de las Indias Orientales navegó desde Texel,
en las Islas Frisias con la intención de atacar la flota portuguesa y las
fortalezas de Oriente. La flota estaba formada por 13 buques, 225 piezas de
artillería y más de 2.800 hombres. Estaba bajo el mandato del Almirante Pierre
Willemsz, con François de Wittert como vicealmirante. La flota luchó con los
portugueses en Mozambique, Sumatra y Johor antes de construir una fortaleza en
Nera, islas Banda (Indonesia actual). Aquí, el 22 de mayo de 1609 el almirante
y algunos de sus oficiales fueron asesinados por un ataque de los nativos y
Wittert asumió el mando.
Después de eso, Wittert
navegó a Manila para atacar a los españoles allí. (España y Portugal estaban
gobernados por el mismo monarca, Felipe III de España (Felipe II de Portugal),
y eran aliados.) Wittert sitió Manila durante cinco meses, comenzando en 1609.
Sin embargo, el 24 de abril o 25 de abril de 1610, mientras supervisaba la
descarga de juncos, Wittert fue sorprendido por, al menos, 12 naves españolas.
Su buque insignia, el Amsterdam, fue capturado después de una larga lucha, y el
almirante fue asesinado. Al parecer, dos navíos escaparon, pero los españoles
mataron al menos a 85 holandeses y tomaron 120 prisioneros o más.
También, durante la
primera parte del gobierno de Silva, el cuarto arzobispo de Manila, Diego
Vázquez de Mercado, llegó allí (el 4 de junio de 1610).
De Silva envió, sin éxito,
una expedición contra los holandeses a Molucas en 1611, aunque la expedición
tomó Sabougo en Gilolo y estableció una fortaleza allí. De Silva trató de
asegurarse la ayuda de los portugueses para expulsar a los holandeses del área
de una vez por todas. Para tal fin, en 1612 envió al ex gobernador de Ternate,
Cristobal de Azcueta a la India portuguesa para hacer planes con el virrey para
un asalto conjunto. Sin embargo, Azcueta y la expedición entera se perdieron en
un naufragio entre Manila y Macao.
De Silva lo intentó de
nuevo, esta vez enviando a dos emisarios jesuitas a Goa. Llegaron en 1615 y
alcanzaron un acuerdo con el virrey portugués que contribuiría con cuatro
grandes galeones, para enviarlos a Malaca. Esta información llegó a Manila,
donde una gran flota española estaba preparada, en julio de 1615. Con el fin de
obtener la artillería para esta expedición, De Silva debilitó las defensas de
Manila, con riesgos graves en caso de un ataque contra la ciudad por parte de
Holanda.
No había noticias de la
llegada de los galeones portugueses, pero en contra de los consejos de muchos
de sus subordinados, el Gobernador De Silva navegó a Malaca el 9 de febrero de
1616. Comandaba diez galeones, cuatro galeras y varios buques más pequeños. El
buque insignia, San Marcos desplazaba 1.700 toneladas. La flota llevó a 5.000
hombres, tanto soldados como marineros, incluyendo a casi 2.000 españoles y una
unidad de infantería japonesa. También llevó 300 piezas de artillería y 6
jesuitas. Fue la armada europea más grande que se había visto en la región.
La flota navegó hacia el
Estrecho de Malaca, con la intención de unirse con la esperada armada
portuguesa y así atacar a la factoría holandesa en Java y después a las bases
holandesas en las islas de las Molucas. Pero la flota portuguesa ya había sido
atacada por los holandeses cerca de Malaca y completamente destruida. Para
evitar su captura, los portugueses quemaron sus galeones más grandes.
La flota española entró en
el Estrecho de Singapur el 25 de febrero de 1616. Desde allí, el Gobernador De
Silva envió a Juan Gutiérrez Paramo con una parte de la flota para reforzar
Ternate (en las Molucas).
Pero el gobernador estaba
enfermo. Pidió en varias ocasiones ser relevado por razones de enfermedad.
Ahora, su salud se había deteriorado aún más, y el 19 de abril de 1616, murió
en Malaca. La compañía española tuvo que ser abandonada, sin lograr nada contra
Holanda.
La armada volvió a Manila
el 1 de junio de 1616, sin gente. Aunque no encararon ningún combate, muchos
hombres murieron por fiebres y otras enfermedades que contrajo la flota en
Malaca y en el Estrecho de Singapur.
Los críticos del
gobernador, sus contemporáneos y posteriores historiadores, coincidieron en que
tuvo que navegar directamente a las Molucas en vez de ir a Malaca, habría
podido desalojar a los holandeses del archipiélago.
La Audiencia de Manila
tomo el cargo de los asuntos políticos en ausencia de Juan de Silva. Jerónimo
de Silva, un tío del gobernador, fue hecho gobernador interino por decreto real
en marzo de 1616. La Audiencia gobernó hasta junio o julio de 1618, cuando el
nuevo gobernador Alonso Fajardo de Tenza llegó y tomó posesión del cargo.
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