La calle está dedicada al
escritor, político e intelectual francés Victor Hugo (1802-1885).
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Dice Pedro de Répide de esta calle:
De
la avenida del Conde de Peñalver a la
calle de las Infantas, b. de las Torres, d.
del Hospicio, p. de San José.
Antes de la apertura de la Gran Vía, esta calle comenzaba en
la del Caballero de Gracia, y se llamaba de San Jorge. Dos tradiciones tenían su
denominación anterior. Una, la de llamarse así por cierta pintura con la imagen
de ese santo que había en una casa propiedad de la Orden de Montesa. Otra, la que
en 1650 se la dio el nombre, por orden de Felipe IV, en memoria del monasterio de
Alfama, destruido por los franceses cuando ocuparon a Cataluña.
En 1902, al celebrarse el centenario de Víctor Hugo se pidió
que se diera el nombre del gran poeta francés, padre de la escuela romántica, a
la calle de la Reina, donde estaba el palacio Masserano, en que vivió siendo niño
el autor de «Hernani» cuando, con su madre y hermanos, vino a Madrid, donde su padre,
el general Abel, figuraba en la corte del rey José Determinadas suspicacias impidieron
que fuese cambiada la rotulación de la mencionada calle, y para conciliar todos
los deseos le fue dedicada a Hugo ésta de que tratamos.
Entre las calles de la Reina y de las Infantas existe el palacio
en que vivió y murió un madrileño famoso, el marqués de la Vega de Armijo, D. Antonio
de Aguilar y Correa, que fue presidente del Consejo de ministros de 1906, y diferentes
veces de las Cortes. A su fallecimiento esa casa pasó a ser ocupada por la Dirección
general de Seguridad, que allí continúa.

Víctor Hugo —inscripción completa en su acta de nacimiento:
Víctor, Marie Hugo - (Besanzón, 26 de febrero de 1802 - París, 22 de mayo de
1885), fue un poeta, dramaturgo y escritor romántico francés, considerado como
uno de los escritores más importantes en lengua francesa.
También fue un político e intelectual comprometido e
influyente en la historia de su país y de la literatura del siglo XIX. Era
hermano de los también escritores Eugène Hugo y Abel Hugo.
Ocupa un puesto notable en la historia de las letras
francesas del siglo XIX en una gran variedad de géneros y ámbitos. Fue un poeta
lírico, con obras como Odas y baladas (1826), Las hojas de otoño (1832) o Las
contemplaciones (1856), poeta comprometido contra Napoleón III en Los castigos
(1853) y poeta épico en La leyenda de los siglos (1859 y 1877). Fue también un
novelista popular y de gran éxito con obras como Nuestra Señora de París (1831)
o Los miserables (1862). En teatro expuso su teoría del drama romántico en la
introducción de Cromwell (1827), y la ilustra principalmente con Hernani (1830)
y Ruy Blas (1838).
Su extensa obra incluye también discursos políticos en la
Cámara de los Pares, en la Asamblea Constituyente y la Asamblea Legislativa
—especialmente sobre temas como la pena de muerte, la educación o Europa—,
crónicas de viajes —El Rin (1842) o Cosas vistas, (póstuma 1887 y 1890)—, así
como una abundante correspondencia.
Contribuyó de forma notable a la renovación lírica y teatral
de la época; fue admirado por sus contemporáneos y aún lo es en la actualidad,
aunque ciertos autores modernos le consideren un escritor controvertido. Su
implicación política, que le supuso una condena al exilio durante los veinte
años del Segundo Imperio francés (1852-1870), permitió a posteriores generaciones
de escritores una reflexión sobre la implicación y el compromiso de los
escritores en la vida política y social.
Sus opiniones, a la vez morales y políticas, y su obra
excepcional, le convirtieron en un personaje emblemático a quien la Tercera
República honró a su muerte con un funeral de Estado, celebrado el 1 de junio
de 1885 y al que asistieron más de dos millones de personas, y con la
inhumación de sus restos en el Panteón de París.
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